El pasado 31 de diciembre se dio la caída de Nicolas Maduro en Venezuela, bajo la intervención de EEUU, con administración del propio Donald Trump.
La magnitud del sismo se entiende por el peso de las reservas venezolanas: 303.000 millones de barriles. El solo hecho de que este gigante despierte ya presiona al barril WTI por debajo de los USD 60. Pero el impacto no es solo por volumen, sino por geopolítica.
Segun economistas destacados, mientras la salida del régimen «limpia» la imagen de la región ante los inversores, el regreso de las reservas venezolanas al mercado global pone a Vaca Muerta ante un desafío de rentabilidad inédito. El futuro del barril de petróleo es clave para medir el impacto sobre Vaca Muerta y el potencial exportador de la Argentina.

Pero también existen otras consideraciones que van más allá de la energía. Si se da una transición ordenada en Venezuela, esto será de gran ayuda para que Latinoamérica sea vista como una región más confiable para los inversores. En Wall Street lo llaman «estar en el vecindario correcto». Los activos argentinos, y en especial los bonos, podrían favorecerse de este efecto.
La caída de Maduro permite que Latinoamérica sea vista nuevamente como un destino confiable, lo que podría llevar al Riesgo País a perforar finalmente la barrera de los 500 puntos básicos.
Javier Milei, por lo pronto, aprovechó una oportunidad inmejorable para seguir estrechando la alianza con Estados Unidos. Fue uno de los primeros presidentes en salir a respaldar a Trump. Era difícil esperar otra cosa después de la excepcional ayuda del Tesoro norteamericano, que le puso el pecho a la corrida cambiaria que atravesó el mercado local en la previa electoral.
